Afrontando comunicar malas noticias

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El estado de alarma en España se declaró el sábado 14 de marzo de 2020, ocasionado por una emergencia de salud pública por el virus COVID-19. Algunos empiezan ahora a hacerse a la idea de lo que significa. En este momento, todos estamos infectados de forma psicológica. Ya sea por el confinamiento, por no poder hablar en estos días de otra cosa, por la ansiedad, el miedo, el duelo… Todos sentimos el impacto.

Una de las consultas que estamos recibiendo estos días los profesionales de psicología tiene que ver con cómo afrontar el dar malas noticias. Y, añadido a esto, la emergencia COVID-19 está cambiando la forma de comunicarnos. La llamada telefónica es, en muchos casos, el medio para la comunicación de malas noticias.

A la hora de dar una mala noticia a una persona, uno hace lo que puede y lo hace lo mejor que puede en esos momentos, os recomendamos no enjuiciar vuestro comportamiento en situaciones de gran dolor ya que actuamos casi desde una posición de supervivencia, protegiéndonos del dolor y quitando al otro el suyo, no validando ni respetando cómo nos sentimos. Sentirse incómodo, nervioso o preocupado es normal y natural, sobre todo si sabemos que tenemos que comunicar una mala noticia como un diagnóstico, un empeoramiento o una muerte.

Ahora todos tenemos una mala noticia entre nosotros: muchos enferman, muchos pueden ser conocidos, amigos, familia, pareja, hijos… Esto nos coloca en el miedo, y nuestra cabeza no puede evitar viajar al pensamiento de la muerte de un ser querido.

Para saber cómo afrontar dar malas noticias es conveniente tener claras unas pautas básicas. A continuación, puedes leer algunas recomendaciones que te ayudarán:

Primero, vamos a aprender a definir lo que entenderemos en este contexto como pérdida, duelo, dolor y sufrimiento:

 – Pérdida es la vivencia de perder o cambiar en alguno de los aspectos de la vida, como la salud, un ser querido, el trabajo…

Duelo es la reacción natural ante la pérdida de un objeto amado, sea real o imaginario, el proceso necesario para superar y aprender a vivir sin ese objeto. Aquí señalamos el estado de sufrimiento y dolor derivado de la muerte de un ser querido.

Dolor puede ser a varios niveles: orgánico o biológico, psicológico, social… En el duelo, el dolor emocional, físicamente se manifiesta en diversas zonas del cuerpo y frecuentemente se refiere a la zona torácica, como si el dolor fuera del corazón. Duele en todos los aspectos de uno mismo.

Sufrimiento es el estado que aparece en nosotros cuando el dolor se instala de forma que sólo podemos sentir, pensar, comer, oír, y ver dolor. El dolor nos ayuda en cuanto a que es la forma de adaptarnos al cambio.

El sufrimiento no tiene un efecto positivo en nosotros, muy al contrario, es fuente de enfermedad tanto psicológica como física.

El gran antídoto del sufrimiento es reconocer y comprender el “para qué” de lo que está pasando. Cuando le damos sentido al dolor que sentimos podemos traspasarlo, cuando caemos en el no aceptar el dolor, es cuando podemos quedar atrapados en el sufrimiento. El dolor es adaptativo, sano y natural. El sufrimiento, como hábito, es insano, bloqueante.

Y ahora… con estas diferencias claras: ¿CÓMO DAR MALAS NOTICIAS?

RECOMENDACIONES:

El 93 % de la comunicación es no verbal, expresiones faciales, gestuales, contacto físico, tono de voz, dirección de la mirada… No puede valorarse en todo su contenido la importancia que para la persona a la que comunicamos una mala noticia tiene sujetar su mano, el tocar su hombro… El mismo SILENCIO es, a veces, más apropiado que las palabras.

  • Lo primero es respetar nuestro dolor y el del otro, la persona a la que vamos a comunicarle algo malo va a conectar con este sentimiento, y entender la diferencia entre dolor y sufrimiento, es importante.
  • Diferenciar si la noticia es a niños y adolescentes o a otro adulto, te dejamos este recurso sobre cómo hacerlo con niños y niñas: https://blog.psintonia.es/como-dar-malas-noticias-a-ninos-y-adolescentes/
  • Permitiros un momento de pausa de unos segundos para recuperar el contacto con vosotros mismos (vuestro cuerpo, donde estáis y que hay a vuestro alrededor). Por teléfono modulamos el tono de voz, en ausencia de todo el resto de la importante información no verbal que normalmente acompaña y prepara emocionalmente lo que se va a comunicar.  Saludamos siempre con calma y recordamos que percibir prisa y preocupación aumenta el estado de alerta del que está al otro lado del teléfono.
  • Piensa si eres la persona indicada para dar la noticia. Comunicamos siempre quién somos, esto reduce el estado de tensión y de alerta.
  • Averigua qué es lo que sabe la persona sobre la mala noticia que tienes que darle. Saber estimar lo que separa sus expectativas de la realidad. Averiguar cuánto quiere saber antes de informar.
  • Nos comunicamos siempre de forma clara y resumida, usando palabras simples y, a poder ser, sin términos técnicos. La honestidad del mensaje nunca debe cambiarse para evitar el dolor.  El mensaje debe ser claro, preciso, con tacto y respeto. Ensaya antes porque no es fácil.
    Preguntaremos si la persona está sola en casa y la invitaremos a sentarse. Cuando tenemos que comunicar una muerte o el empeoramiento de un cuadro clínico, es importante encontrar una frase para preparar a la persona para el hecho de que va a recibir una mala noticia usando expresiones como: «Por desgracia…» o «Siento mucho tener que comunicarle que…». Usaremos el nombre propio de la persona y el parentesco «Siento mucho tener que comunicarle que su mujer María…». Comunicamos la mala noticia de forma directa sin demasiados rodeos o preámbulos. Después de haber preparado a la persona para el hecho de que va a recibir una mala noticia, cuanto más alarguemos el tiempo de la comunicación, más exponemos a quien está del otro lado del teléfono al estrés.
  • Una vez dada la mala noticia, la persona no podrá recordar nada de lo que se le diga después, estará en un estado de shock, con lo cual no está receptivo a escuchar muchas palabras, la parte más intelectual está como anestesiada. El impacto ha sido tal, que el cerebro no ha tenido tiempo de adaptarse a la nueva situación y el individuo no está capacitado para recibir apenas información del exterior, al menos no esa información codificada en palabras. Sí puede estar más receptivo a recibir esa presencia que acompaña, que comprende, que acoge, que protege, que fortalece y en la que no hay discurso, no hay aleccionamiento, no hay consejo, no hay “yo sé lo que te pasa”, no hay “lo que tienes que hacer ahora es …”.
  • Dejamos tiempo para el silencio y el llanto después de haber dado la noticia. Permanecer en silencio si la persona llora (sobre todo por teléfono) es difícil, nos puede hacer sentir impotentes, pero el silencio es un modo de comunicar que estamos ahí, que no les dejamos solos. De vez en cuando, si lo consideramos oportuno, podemos romper el silencio con palabras simples como «lo siento». Dejamos tiempo y espacio para hacer preguntas y escuchamos sin interrumpir.
  • No presupongas lo que le angustia al otro. Si la persona no hace preguntas podemos intentar sugerírselo con frases como: «¿hay alguna pregunta que quiera hacerme?» Esta es la fase que inicia el cierre de la llamada en la cual se puede ofrecer más información de tipo práctico o técnico. En esta fase podemos explicar lo que ocurrirá después: cuándo les van a volver a llamar y quién, a dónde llevarán a la persona, … Además, se puede explicar a la persona que existen recursos de ayuda, como un servicio de psicología dedicado a las emergencias desde el cual, si quiere, le pueden llamar para una terapia específica sobre el sufrimiento, sobre el estrés o sobre el duelo, según lo que esté viviendo la persona.
  • Es importante en el cierre que preguntemos qué van a hacer inmediatamente después de la llamada y si ya han pensado a quién quieren llamar para sentirse apoyados por los amigos y familiares que ellos elijan.
  • Permitirnos algunos minutos para volver a la calma. Observar el propio estado emocional, sin juzgarnos.  

En definitiva, recuerda, el objetivo no es evitar el dolor sino dar la noticia evitando un mayor impacto psicológico, acompañando al otro, y facilitar que se pueda asimilar la noticia de forma más equilibrada.

El receptor de la noticia tiene que percibir que el que está informándole, está con todo su ser, presente.

Esperamos con estos recursos poder poner nuestro granito de arena y acompañaros también en la distancia, en estos momentos de malas noticias estamos todos juntos. El dolor nos fraterniza con otros que también están sintiéndolo.

Si necesitáis más información, quedamos a vuestra disposición. Consúltanos: https://blog.psintonia.es/contacta/

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