¿Qué es el apego?

pixabay.com/Anna

Cuando nacemos ya empezamos a tener una serie de necesidades básicas, la persona encargada de responder a estas necesidades es nuestra principal figura de apego (normalmente, la madre, la primera figura de contacto y la que pasa más tiempo con el bebé). El modo en el que se cubren o no esas necesidades por la figura de apego repercutirá en cómo establecemos nuestras futuras relaciones (conmigo mismo, con los otros y con el mundo).

El entorno donde se desarrolla el niño o la niña es de vital importancia puesto que le permite aprender a crear lazos emocionales para el desarrollo de su identidad.

 

 

Vínculo afectivo fuerte que se genera entre los infantes y sus
cuidadores a lo largo de las interacciones (Bowlby, 1969)

 

 

Podríamos hablar de John Bowlby como el gran exponente y fundador de la teoría del apego, según el mismo, existe una necesidad humana universal de formar vínculos afectivos.

 

¿Cuál es la importancia del vínculo afectivo?

El apego describe la necesidad básica que experimenta todo niño o niña de buscar, establecer y mantener cierto grado de contacto físico y cercanía con las figuras vinculares (madre, padre, cuidador, abuelos, etc.).

Se caracteriza como una conexión profunda emocional, psicológica y personal que proporciona al infante una sensación de seguridad (Bowlby, 1969)

 

El apego es un mecanismo innato que se activa en situaciones percibidas como distresantes o peligrosas. Por ejemplo, un/a niño/a cuando al entrar a la guardería observa que sus padres se marchan y llora, o al escuchar un ruido fuerte, se asusta y abraza a su figura de apego.

Un niño puede tener diferentes apegos con diferentes personas pero debe tener al menos uno para un desarrollo socio-emocional sano.

El conjunto de experiencias de apego de la primera infancia da lugar a la formación de un modelo interno de relaciones afectivas. Es decir, según como me haya relacionado con mis principales figuras de apego, así aprenderé a relacionarme con los demás.

La forma que tiene el niño o niña de relacionarse consigo mismo, con los otros y con el mundo será más seguro, estable y confiado, cuanto más accesible, digna de confianza, disponible, estimulante y reforzadora, haya experimentado a su principal figura de apego. Por el contrario, el niño o la niña se sentirá  más inseguro, inestable y desconfiado, en función de que perciba y atribuya la interacción con su principal figura de apego más hostil, desconfiada, rechazante o de dudosa accesibilidad.

 

(…) Cuanto mejor comprendemos nuestras propias experiencias emocionales, más empática es la relación que mantenemos con nuestros hijos e hijas y más contribuimos a su autoconocimiento y a su sano desarrollo” – Siegel, D., & Hartzell.

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