Libro: Cartas a Pedro: Guía para un psicoterapeuta que empieza

Al principio, cuando empezamos en esto de ser terapeutas, creemos que la responsabilidad de que el paciente mejore, avance, es nuestra, con el tiempo, podemos darnos cuenta de que no somos tan importantes ni tan buenos o malos en nuestro trabajo como para que la persona cambie, lo único que podemos hacer es estar ahí apoyando cada paso, sosteniendo y dando aliento cuando lo necesite, ver y aceptar lo que es, simplemente por serlo.

 

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«No hay buenos terapeutas, sino buenos pacientes; son ellos, no lo olvides nunca, los que han hecho posible que su proceso siga adelante.

El paciente ya es lo que es, lo único que va a suceder en el proceso terapéutico es que va a empezar a abrirse: primero ante nosotros, pero sobre todo ante sí mismo; nosotros tan sólo lo acompañaremos, le brindaremos la ayuda necesaria o la no ayuda si es lo que necesita, y seremos testigos de su renacer. Tan sólo eso.

Nos mataremos simbólicamente hablando una y mil veces, pero como lo haríamos con algo muy valioso que ha sido dañado, que llega a nuestras manos y que protegemos, cuidamos e intentamos encontrar los medios para reconstruirlo, repararlo.

Pero esa obra de arte no es nuestra, es del artista primero o, para llegar más allá, de la humanidad. No peques nunca de considerarte parte responsable de su vida, de sus artes y potenciales.

Conserva siempre tu sitio: el del partero que ayuda a dar a luz, pero que ni es el bebé que está naciendo, ni es la parturienta que está trabajando para que nazca con dolor y amor.
Tu sitio es tan sólo el del que está al lado, para que lo sea necesario, para lo que tú le sirvas, le sostengas, le contengas.

Pero todo, todo lo demás es de él y para él.»

Loretta Cornejo

 

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