Las despedidas

Todo tiene un comienzo e inevitablemente muchas de las veces, también un final.

Cuando llegamos al final de algo, toca despedirse, es difícil y no siempre agradable… cuesta decir adiós, pero si podemos, es una suerte poder hacerlo.

Cuando tenemos la oportunidad de despedirnos, podemos hacer un cierre.

 

Y ¿qué es un cierre?

Cerrar es poner fin y dejar paso a algo nuevo, toda despedida implica un duelo, y cada duelo implica dolor.

 

Tipos de despedidas

  • Elegida: cuando nos alejamos por voluntad propia, por ejemplo, en un cambio de trabajo.
  • Forzada: cuando no queremos, pero algo nos obliga, por ejemplo, en una ruptura de pareja.
  • Esperada: cuando sabemos que en un tiempo, eso acabará, el duelo se va haciendo durante todo el proceso, por ejemplo, un traslado temporal.
  • Inesperada: cuando sucede de repente y ni siquiera lo imaginas, por ejemplo, en un despido, todo pasa muy deprisa y no tenemos apenas tiempo de despedirnos.

Pueden darse diferentes despedidas a la vez, lo más importante es que podamos tener un tiempo para decir adiós, qué nos llevamos, lo que nos ha aportado, si nos han quedado cosas por decir, si algo no nos gustó, lo que se puede mejorar, en qué punto vinimos y cómo nos vamos.

Es importante poder sacar todo ésto para que no se quede dentro y el círculo, se cierre, pues ya sabemos que lo que se queda dentro, da vueltas hasta poder completarse, nuestro cerebro repetirá la información en un intento de resolverlo, para cerrar, y si no puede, seguirá repitiendo (lo que me gustaría haber dicho, cómo hubiese sido…).

Para terminar, os dejamos con un cuento:

 

La isla de las emociones – Jorge Bucay

Había una vez una isla, en la que vivían todos los sentimientos y valores del hombre: el Buen Humor, la Tristeza, la Sabiduría… Como también todos los demás, incluso el Amor.

Un día, se anunció a los sentimientos que la isla estaba por hundirse. Entonces, todos prepararon sus barcos y partieron. Únicamente el Amor quedó esperando solo, hasta el último momento. 

Cuando la isla estuvo a punto de hundirse, el Amor decidió pedir ayuda.

La Riqueza pasó cerca del Amor en una barca lujosísima y el Amor le dijo:

Riqueza, ¿me puedes llevar contigo?”

“No puedo porque tengo mucho oro y plata dentro de mi barca y no hay lugar para ti 

Entonces, el Amor decidió pedírselo al Orgullo, que estaba pasando en una magnífica barca:

Orgullo, te lo ruego, ¿puedes llevarme contigo?”

– “No puedo llevarte, Amor” – respondió el Orgullo – “Aquí todo es perfecto, podrías arruinar mi barca

Entonces, el Amor dijo a la Tristeza, que se estaba acercando:

– “Tristeza, te lo pido, déjame ir contigo

– “Oh Amor” – respondió la Tristeza – «Estoy tan triste que necesito estar sola

Luego, el Buen Humor pasó frente al Amor, pero estaba tan contento, que no sintió que lo estaban llamando.

De repente una voz dijo:

Ven Amor, te llevo conmigo“. Era un viejo el que lo había llamado.

El Amor se sintió tan contento y lleno de gozo, que se olvidó de preguntar su nombre. Cuando llegó a tierra firme, el viejo se fue. 

El Amor se dio cuenta de cuánto le debía, y le preguntó al Saber:

Saber, ¿puedes decirme quién me ayudó?”

– “Ha sido el Tiempo” – Respondió el Saber.

– “¿El Tiempo?” – Se preguntó el Amor.

“¿Por qué será que el Tiempo me ha ayudado?”

El Saber, lleno de sabiduría, respondió:

– “Porque sólo el Tiempo es capaz de comprender lo importante que es el Amor en la vida. Él es el único capaz de conseguir que el Amor sobreviva cuando el Dolor de una pérdida le hace creer que es imposible seguir adelante. El único capaz de darle una nueva oportunidad al Amor, cuando parece extinguirse. El que te salvó, Amor, es el Tiempo

 

La medida de lo que somos es lo que hacemos con lo que tenemos – Vince Lombardi

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