Tipos de Apego

Se identifican cuatro patrones organizados de apego:

  • El apego seguro supone un modelo de funcionamiento interno de comunicación emocional adecuada con la madre. Esto posibilita el desarrollo del mismo y la exploración del mundo que le rodea, así como la conexión con otras personas. El apego seguro da al niño una sensación interna de equilibrio y le ayuda a regular sus estados corporales y emocionales. En la edad adulta, suelen ser personas autónomas, objetivas y flexibles, que disfrutan de las relaciones.
  • El apego inseguro – evitativo se da cuando la madre rechaza o ignora repetidamente al hijo, muestra consistencia en el NO a las necesidades del niño. La figura materna muestra aversión al contacto físico, incluso evita la mirada al niño; éste intenta adaptarse evitando la conexión emocional con ella y muestra poca ansiedad durante la separación y un claro desinterés en el posterior reencuentro con la madre. En la edad adulta, suelen tener una postura de desprecio hacia el apego. Están desconectados de sus emociones, por lo que sus hijos suelen repetir el modelo de apego evitativo. Aprenden a alejarse de la relación (“no necesito a nadie”). Cuando estos niños se hacen adultos no sienten la necesidad de contacto. En la relación de pareja suele establecerse el miedo de “me vas a dejar” “cualquier día te vas con otro”… El enfado del evitativo no es físico, abandona, puede llevarse días sin hablar.
  • En el apego inseguro – ambivalente, la figura materna es inconsistente e impredecible (a veces presente y otra abandona). La figura materna funciona en base a lo que ella está necesitando o en base a sus emociones. El niño genera ansiedad cuando la comunicación con la madre no es constante, y a veces invasiva. Está inseguro y no sabe si puede confiar o no. Se creen responsables del estado de ánimo de mama. Viven en el abandono potencial, cualquier día no regresa mama. Los niños con este tipo de apego se angustian cuando la madre se va, pero cuando regresa, están enfadados o esquivos con ella y tienen dificultad en reponerse después. La presencia de la madre y sus intentos de calmarlo fracasan en reasegurarlo, y la ansiedad del infante y la rabia parecen impedir que obtenga alivio con la proximidad de la madre. Son niños que muestran limitada exploración y juego. En la edad adulta suelen mostrar preocupación e inseguridad hacia el apego. Esto deteriora su capacidad de percibir las necesidades de sus hijos, que suelen desarrollar apego ambivalente también. Inseguros en las relaciones que establecen, siempre con la sonrisa en la boca, siempre dicen que sí a todo, deseosos de relación.
  • El apego desorganizado se da cuando la conducta de la madre o el padre asusta al niño, o lo desorienta: Este se bloquea, ya que siente el impulso de buscar seguridad en la misma persona que es fuente de temor. El niño tiene dificultad al regular sus emociones. Los niños con este tipo de apego se muestran contradictorios cuando la madre regresa, pueden ignorarla y después enfadarse. Guarda similitud con el evitativo, la diferencia fundamentalmente es la crítica excesiva que tiene hacia sí mismo. La figura materna era por un lado atemorizante y por otro lado atemorizada, a veces dan seguridad y otras agreden con conductas intrusivas o retraídas de negligencia grave. Estos niños pueden ser hiperactivados o hipoactivados: ejemplo, madre con depresión y padre alcohólico que abusa del niño.

«Necesitamos cobrar conciencia de las experiencias presentes incluyendo las percepciones y las emociones y ver de qué manera nuestras circunstancias actuales pueden estar condicionadas por los eventos pasados (…) cuanto mejor comprendemos nuestras propias experiencias emocionales más empática es la relación que mantenemos con nuestros hijos y más contribuimos a su autoconocimiento y a su sano desarrollo” (Siegel, D., & Hartzell).

Cuando integramos nuestros recuerdos en el relato de nuestra vida, empezamos a educar de un modo más sano y fomentamos la maduración sana tanto de nuestros hijos como de nosotros.