Todos tenemos miedo

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Tener miedo es uno de los fenómenos más universales, no sólo en las personas, también en la mayoría de las especies. Esto es posible porque venimos predispuestos filogenéticamente para que determinados estímulos nos provoquen miedo, ya que implican peligro para para nuestra supervivencia (avión, catástrofes naturales, alturas, separación, mar, serpientes, oscuridad, sangre, extraños…).

¿Qué es el miedo?

El miedo es una de las emociones más primitivas, surge para alertarnos como respuesta de afrontamiento a un peligro, ya sea real o imaginado.

Su objetivo es que podamos sobrevivir, y para ello, nuestro cuerpo responde escapando, evitando y ante la imposibilidad de ambas, dándose la respuesta de congelación. Este proceso es fisiológico y automático.

¿Qué función cumple el miedo?

Tod@s hemos tenido experiencias de miedo, el miedo es necesario porque cumple una función adaptativa, ya que en cada etapa evolutiva, aparecen nuevos retos, exigencias, desarrollo, y en consecuencia, tenemos que afrontar nuevos miedos. Por tanto, se van adquiriendo a medida que nos vamos desarrollando.

Sin embargo, el miedo también puede convertirse en desadaptativo, creando mucho malestar e influyendo en las actividades de la vida diaria, y si hablamos de los miedos en niñ@s y adolescentes, pueden dificultar su desarrollo personal y social, además de crear serios problemas para padres y madres.

¿Cuándo sentir miedo es normal?

Podemos sentir miedo en algunas situaciones y es normal, cuando es una respuesta razonable y apropiada ante un peligro concreto y real.

¿Cuándo deja de ser adaptativo? Cuando se hace extremo, convirtiéndose en una fobia.

Características de las fobias:

Según Marks (1969), para que un miedo pueda considerarse fobia, es necesario que cumpla una serie de requisitos:

  • La respuesta de miedo es intensa y desproporcionada.
  • Este miedo provoca sufrimiento e interfiere en la vida diaria de la persona.
  • Las reacciones ante lo que provoca miedo son irracionales (no pueden ser explicadas ni razonadas). Ejemplo: «No sé por qué, me pongo a llorar y soy incapaz de matar a una araña por pequeña que sea«.
  • Los argumentos lógicos que pueden darse a la persona para que no tenga miedo, no suelen servir. Ejemplo: «No te va a hacer nada, eres 20 veces más grande que una cucaracha«.
  • Las respuestas no pueden ser controladas por la persona, por mucho que lo intente, no suele conseguir dejar de tenerlas (llorar, gritar, salir corriendo…).
  • El miedo conduce a la evitación del estímulo temido (situación, objeto, animal…).
  • Si el encuentro con el estímulo fóbico es inesperado, la persona lo evita o escapa. Algunas veces, puede tolerar la situación, sólo a costa de sufrir mucho miedo y malestar.
  • El miedo persiste de forma prolongada en el tiempo (no es transitorio).
  • No está dentro de la etapa normal de desarrollo de la persona (que los miedos no aparezcan ni evolucionen según la edad). Ejemplo: Tener miedo a la oscuridad con 17 años.

¿Cómo ayudar a una persona con fobia?

Cuando queremos ayudar a una persona, tan importante es saber lo que tenemos que hacer como lo que no:

  • No ridiculices su miedo. Ejemplo: «¿De verdad estás llorando porque has visto un simple ratoncito? Ya eres mayocit@ para esas tonterías«.
  • No le presiones a hacer cosas que no puede. Ejemplo: «Venga, tienes que superar YA tu miedo a la oscuridad«.
  • No le intentes convencer de que es absurdo (ya suele saberlo y no le funciona, además, podría generarle culpa). Ejemplo: «No tiene sentido que salgas corriendo cuando ves un perro, no te va a hacer nada«.
  • No culpabilices a la persona por tener miedo ni por sus acciones. Ejemplo: «Si no lo superas es porque no quieres«.
  • ¡No te angusties más que la persona que tiene la fobia!. Tu reacción podría aumentar su miedo.
  • Escúchale, deja que la persona hable de su miedo, de lo que le supone, cómo lo vive, qué siente, desde cuándo le pasa…
  • Refuerza cada pequeño logro, cualquier cambio positivo en su reacción o forma de afrontar su miedo importa.
  • Préstale tu ayuda, necesita que estés tranquil@ a su lado.
  • Poner metas claras y posibles. Ejemplo: En una fobia a la sangre, no hace falta poner el objetivo de ver operaciones reales, quizás con no desmallarse o poder estar tranquil@ y no sentir malestar en una situación en la que puede haber sangre sea suficiente.

¿Tienes alguna duda? Ponte en contacto con nosotras y estaremos encantadas de atenderte 🙂

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