Tú eres todo

Tú eres tú, en todos y cada uno de tus aspectos

Es común que en función de nuestros actos, nos preguntemos: ¿lo he hecho bien? ¿soy buena persona? ¿altruista? ¿generos@?. Lo hacemos todo el rato, el problema viene cuando lo que hacemos entra en conflicto con lo que pensamos. Por ejemplo: un amigo que todos los días me pide dinero, si yo me cuento que «soy buena persona» y por ello «tengo que ayudar siempre a los demás», me veré dándole dinero cada día, pero en esta situación sería bueno poder poner límites, decir que no, y… ¿qué pasa si digo que no? Eso diría de mi que «soy mala persona», «egoísta»… y claro, ¡yo no soy así!.

Las tres esferas

  • Quien yo soy: cuando nacemos, tenemos todas las posibilidades de ser, toda la esfera para desarrollar, pero a medida que vamos creciendo, van influyendo factores externos, como la familia, cultura, colegio,etc. y empezamos a crear adjetivos, moviéndonos hacia la esfera izquierda. Este estado sería la esencia, todas las posibilidades de expresión.
  • Quien yo me cuento que soy: imaginemos que creamos  el adjetivo de «perfeccionista», si yo me cuento que «soy perfeccionista», en la esfera de la derecha me cuento que «NO soy descuidada». Ser perfeccionista puede que no sea un problema, de hecho la mayoría de las veces nos ayuda a que hagamos las cosas muy bien.
  • Quien yo me cuento que NO soy: no ser algo sí es un problema, ya que el «ser descuidado» no puedes desarrollarlo, te has alejado de esa esfera, teniendo que ser siempre «perfeccionista», independientemente de la situación. «Ser descuidado» puede ser también un buen estado del ser, por ejemplo: ante situaciones en las que hay un estresor y no depende de ti la situación, ser descuidado te puede ayudar a aceptar, a soltar, a no ponerte una exigencia que no es tuya. También ayuda el ser descuidado a dejarte fluir,  a conectar con la creatividad.

No hay adjetivo  bueno o malo para describir quien eres sin un contexto.

Entre un polo y otro, hay un recorrido, lo ideal sería estar en el medio y, según la valoración que hago en cada momento, moverme y poder decidir. Ese será nuestro objetivo, porque nos lo contemos o no, somos todo, estamos completos, somos buenos y malos, cuidadosas y descuidadas, agradables y desagradables… y si nos quedamos en uno de los polos, nos estamos limitando.

¿Quién está encantado de ser quien es? ¿Quién quiere ser de otra manera?

Hay quien se acepta tal como es y aún así, busca mejorar cosas. Estamos todo el tiempo comparándonos con una supuesta mejor versión y así enfermamos.

Esto se debe, en gran medida, al mensaje que nos transmiten: “como tú eres, no”, con gestos, palabras… Entonces, ¿cómo tengo que ser? No lo sabemos con seguridad.

El reconocimiento es una necesidad básica y pertenecer también, la forma que tenemos de sobrevivir, es sentir que somos lo que debemos ser.

Si soy una niña pequeña y cada vez que estoy tranquila me miran y cuando pataleo no me miran, yo tiendo a la supervivencia, al ser buena, porque en esta familia es lo que funciona. En otra familia, por ejemplo: o eres el mejor o no eres nadie, hay que ser fuerte porque a los débiles los manipulan, etc.

Cada uno tiene todo su potencial, porque somos de todo, torpe, lista, bueno, etc., dentro de todas las posibles manifestaciones, a cada uno se nos ha ido reforzando algunas y rechazando otras. Así nos contamos quien soy y quien no soy.

Para decidir por mí mism@ quien quiero ser, primero es necesario darnos cuenta de este automático de quien me he contado que soy. Nuestro personaje. Todos somos iguales en nuestra esencia. Ahora podemos elegir ser esto o aquello, añadir cosas, completarnos, contarme que puedo ser lo que quiero y elegir lo que quiero ser. La libertad es mostrar las dos partes, todo tu potencial. No tengo que dejar de ser quien me he contado que soy, puedo ir desarrollando más cosas.

El cuento de la naranja

Siempre nos han contado que estamos incompletos, que nos faltan cosas y tenemos que encontrar a nuestra otra media naranja, la buena noticia es que no es así, ¡ya estamos completos! y con otra persona podemos complementarnos pero nunca rellenar lo que nos falta, porque no nos falta nada, sólo tenemos que buscarlo en nuestro interior.

¿Y los genes qué?…  El cuento de «yo soy así»

La epigenética estudia los procesos bioquímicos que regulan las actividades de los genes y que responden a la influencia del ambiente. El ser humano es una mezcla de genes y ambiente. A la hora de construir cada organismo, factores como la alimentación, los sentimientos, las emociones, las vivencias, etc, acaban pesando tanto o más que la estructura genética con la que se nace.

La neuroplasticidad es la habilidad natural del cerebro para formar nuevas conexiones. En cada nueva experiencia, una nueva conexión sináptica se establece en el cerebro, con cada sentimiento, sensación… hasta entonces inexplorado.

Referencias:

Be relacional: Formación de psicología «Permitiéndonos ser con los demás».

Formación Superior de Gestalt

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